Campanita hasta el fin del Mundo
- Kik Garzia

- 4 days ago
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Había una vez una niña llamada Campanita, de ojos grandes y brillantes como dos lunas curiosas. Cuando sonreía, algo especial sucedía: el aire parecía vibrar suavemente, como cuando una campana comienza a sonar.
Campanita tenía un superpoder único. Daba alegría a todos a su alrededor. Con solo tocar algo con sus manos, lo hacía brillar; y aun en los días más grises, encontraba una chispa de luz escondida, como un tesoro secreto.
Nadie sabía exactamente de dónde venía su don, pero Campanita lo sentía en su pecho. Su abuela decía que era porque su corazón vibraba como una campana verdadera. Las campanas, cuando suenan, vibran y esa vibración viaja por el aire en forma de ondas. Algunas vibraciones son tan suaves y profundas que tranquilizan, ordenan los pensamientos y hacen sentir paz. Por eso, desde hace muchos años, las campanas se usan para llamar a la calma, para celebrar y para sanar el ánimo.
Campanita vibraba así. Cuando reía, su alegría se expandía como un ding luminoso. Cuando hablaba con cariño, su voz tenía una frecuencia tan bonita que hacía sentir bien a quienes la escuchaban.
Un día, la escuela de Campanita tuvo un problema: una fuerte tormenta rompió ventanas y apagó las luces. Algunos niños estaban tristes y asustados.Campanita respiró hondo, puso sus manos en el corazón y caminó entre ellos.
—Todo va a estar bien —dijo suavemente.
Cada paso que daba parecía encender pequeñas luces invisibles. Su actitud positiva hizo que los niños se animaran a ayudar: unos limpiaron, otros cantaron, otros rieron. La escuela volvió a brillar, no por las lámparas, sino por la unión.
En casa, cuando alguien estaba cansado o preocupado, Campanita era un ejemplo. No porque nunca se sintiera triste, sino porque sabía escucharse, quererse y cuidarse. Decía:
—Cuando me trato con amor, mi campana interior suena más bonito.
Sus amigas la admiraban porque era inteligente, carismática y auténtica. No necesitaba capa ni máscara. Su poder era su actitud, su manera de ver la vida y de confiar en sí misma. Donde había silencio, Campanita dejaba un eco dulce. Donde había problemas, ella encontraba aprendizaje. Donde había oscuridad, encendía esperanza.
Y así, la niña de ojos grandes siguió caminando por el mundo, vibrando bonito, recordándole a todos que dentro de cada persona hay una campana esperando sonar.
Campanita creció, pero nunca perdió su brillo. Aprendió que su mayor poder era amarse, y desde ese amor, compartir alegría. Cada día sonaba diferente, pero siempre auténtica, siempre luminosa.
Y el mundo, agradecido, aprendió a escuchar.
Moraleja:
"La actitud con la que miramos la vida es la frecuencia que emitimos al mundo. Cuando nos queremos y creemos en nosotros, vibramos alto y contagiamos luz. El amor propio es la campana interior que inspira, sana y nos invita a vivir plenamente."





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